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Mel Desirée: el talento emergente que TODOS necesitan conocer

Tan reciente como anoche, la cantautora puertorriqueña Mel Desirée, deleitó al público que se dio cita en 404 Coffee & Beers, en lo que fue su primera presentación en la Isla que la vio nacer. Y es que rodeada de amigos y personas que fueron en búsqueda de buena música, la gurabeña no paró en demostrar de qué está hecha.

Aunque Mel Desirée ha entrevistado a muchos artistas y personalidades famosos e importantes; nos ha deleitado con sus escritos y ha demostrado ser una excelente publicista; su pasión y vocación, por siempre será componer y cantar.

Cursó sus estudios en la Escuela Libre de Música Antonio Paoli, en el pueblo de Caguas, donde aprendió a tocar varios instrumentos y donde empezó a dar pequeños pasos en este maravilloso mundo musical. No fue hasta que creció y perteneció a la Iglesia Bautista de Puerto Rico, que siendo líder juvenil de su congregación y a nivel isla, comienza a demostar su gran talento para la música. Sigue leyendo

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Trabajé el día del Paro Nacional

Hoy no es un día distinto. Hoy es martes y la alarma sonó a las 4:30 de la mañana como todos los días. Me levanté, me di un baño, fui a la cocina y puse la cafetera. Necesitaba café negro y carga’o para comenzar un día que no iba a ser fácil.

Entré al cuarto y mi esposa se levantaba de la cama, todavía con sueño. Se recogió su cabello, rubio como el Sol, con un moño y me miró con pena. Sabía por qué ella lo hacía: tenía miedo. Tanto miedo como el año pasado.

-Ten cuidado, vas para el área.

-Tranquila, el café está listo.

Le di un beso y terminé de arreglarme. No, no soy policía. Soy electricista. Un simple electricista. Un electricista que no puede dejar de trabajar ni el día del Paro Nacional ni el día de mi cumpleaños. Tampoco el día de Nochebuena. Soy un trabajador puertorriqueño, que tiene una compañía de electricidad, que es jefe y tiene 10 empleados que dependen de mí.

Mis empleados y yo no podemos parar y eso pasa con miles de trabajadores puertorriqueños. No pueden dejar de trabajar, no pueden protestar y no los van a ver alzando su voz. Y no es porque no nos importe, nos importa más de lo que la gente piensa; sino que aunque paremos y nos unamos a la lucha, nada va a cambiar.

Llegué al trabajo un poco más temprano por aquello de las carreteras cerradas en San Juan y saludé a mis empleados, que por el tiempo que llevamos trabajando, son mi familia. Fernando, al saludarme me dice:

-Anoche hubo pelea en casa. Mi hijo va hoy pa’l paro, pero su hermana le dijo que no perdiera el tiempo.

-Bueno Fernando la realidad es que no estamos ya en los años 70 y las condiciones y reglas del juego cambiaron. Al parecer es complicado y la gente como tu hijo no lo entiende.

Fernando se ríe porque sabe que lo quiero como un padre y porque sabe mi postura ante estas cosas. Así que le digo:

-Al menos tu hija lo sabe.

Termino de bajar las cosas de la guagua y Ricardo, un joven que trabaja duro, que le gusta la agricultura, que es muy responsable y está casado con una maestra me dice:

-Jefe, hoy vamos con todo. Yo sé que las cosas contigo están seguras, pero también hay que entender que muchos no las tienen segura, como nosotros las tenemos en este trabajo.

Respiro hondo, tiene razón, pero no estoy de acuerdo. Sé que las pensiones de mis viejos están en juego, que las escuelas de mis sobrinos pueden estar cerradas el agosto próximo, que la salud de este país está deteriorada y que la esposa de Ricardo, por ejemplo, está pasando por una situación complicada. ¡Pero nadie entiende que esto no cambiará ahora ni en los próximos años!

Intento explicarles a las personas que me cuestionan el por qué no apoyo las manifestaciones, con datos, pero algunas siguen sin entender. Les presento ejemplos con números, porque los números no fallan, pero no me hacen caso o al menos eso parece.

José Huertas, un empleado que lleva nueve años conmigo y que me he dado cuenta, es bueno en matemáticas, llega con unos cables a preguntarme algo y lo paro en seco:

-José ven acá. Quiero explicarte algo a ver si me entiendes.

-Dime, en qué soy bueno patrón.

-A ver si me entiendes. En Puerto Rico trabajan por nómina un poco más 900mil personas. Ahora bien, de esos 900mil, solo 400mil aportan en contribuciones por salario, del número real de 1,600,000 aproximadamente que trabajan en el pais.

Me mira raro, pero le estoy hablando con números así que se queda pendiente a lo que le estoy diciendo.

-Lo que quiero decir es que esos 400mil que aportan al salario están por encima de 40,000 dólares de sueldo. O sea, que cuando te contratan y te pagan estos sueldos es porque posees unas habilidades que te permiten exigir derechos.

José me interrumpe:

-Quieres decir que a estas personas NO les hace falta que exista una ley que te asegure vacaciones, ni bonos, ni días de enfermedad…

-Exacto y quedarse sin trabajo no les preocupa porque sus habilidades y destrezas los ubican rapidito en un trabajo nuevo.

Antes de que José puede decir una palabra, continúo:

-Estos 400mil trabajadores tienen a sus hijos en colegios so, no les importa lo que pase con Keleher ni las escuelas que cierren.

José me interrumpe y piensa un poco. Es listo, sé que me entiende cuando le doy estos ejemplos. Así que me dice:

-Todavía queda medio millón de personas de los números que me diste al comienzo y ellas sí se van a ver afectadas. ¿O me equivoco?

-De ese medio millón, 20% son supervisores. No les afecta.

-Bueno, todavía quedan 400,000 personas.

-Y de esos, el 20% está cerca de ser supervisores o son ayudantes de supervisores, estas leyes siguen sin afectarles. Así que ya vamos por 300,000 personas.

José mueve sus manos queriendo decir para. Y un poco agitado porque piensa, tal vez que soy un ogro, dice:

-Ya estamos bajando la cantidad de números, dime que a estos 300,000 sí les afecta algo de esto.

-Claro, de estas personas, el 40% acepta esto porque al menos hay salud y trabajo. Y nos quedamos finalmente con 100,000 personas que nunca serán suficientes para crear un cambio.

-Tienes razón, pero no es tan fácil.

Se fue con las herramientas, tal vez sin entender.

Por esas cosas es que mis muchachos y yo fuimos a trabajar. Es complicado, ellos ni contrato tienen conmigo, pero saben que yo no quito días ni horas porque se enfermen ni por graduaciones ni citas con los nenes.

Por eso hoy trabajamos porque el empleado que más tiempo está trabajando en mi compañía, lleva 10 años conmigo y él es la mayor seguridad del resto. O sea, él mismo le dice a los demás empleados acerca de cobrar bono o vacaciones: “El patrón no quita horas ni días si trabajas bien y metes mano; el bono y las vacaciones las paga antes de Navidades y siempre hay un bonito pa’ la ropa de la escuela de los nenes y para el pavo”.

Por eso no salí a la calle, pero soy criticado por personas que no piensan. Y en ocasiones, no razonan. Mis muchachos y yo, trabajamos el día del Paro Nacional porque realmente esto no nos afecta. Cualquier muchacho mío (empleados) te va a contestar que el que pelea por el bono es el vago porque el que trabaja cobra bono seguro.

Suena absurdo, ya estoy acostumbrado a que me insulten cada vez que expongo mi punto, pero es cierto. Como mismo es cierto que este Paro no va a funcionar hasta que todas las personas en la Isla estén bajo nómina. Los miles que protestan y luchan por unos derechos, no le hacen ni cosquillas a los cientos de miles que trabajan por debajo de la mesa.

Sí, hay cientos de miles de personas que trabajan sin estar en nómina y, por consiguiente, no les afecta estar sin plan médico privado, sin bonos o sin vacaciones.

¿Por qué? Porque mientras sigan cogiendo cupones y dinero calladitos, no hay porqué luchar por lo que les quitan a los que sí están en nómina.

La economía subterránea existe, Puerto Rico es el paraíso de la misma. El gobierno lo sabe.

Mientras veo a mis muchachos trabajar, pienso mucho en las personas que están marchando. Miro para el área de allá, veo las patrullas y pienso en que hoy, todo estará perdido. La policía, los manifestantes y la prensa están protegiendo, gritando y cubriendo las cosas y a las personas equivocadas.

Los números no fallan ni mienten. El gobierno lo sabe, desde siempre. Por eso no se preocupan por el Censo ni hacen las estadísticas como se supone.

Lo intento. Al igual que lo intenté el año pasado, pero no puedo parar. Miro a mi alrededor, veo a mis empleados y ahí es que confirmo que el país nos necesita.

Los niños no mienten, Tata Charbonier

Hoy, la Isla se despertó con una nueva falta de respeto a la libertad de expresión. Hoy, mientras desayunábamos leímos cómo la tirilla cómica que nos alegró la vida por más de una década, era sacada de un periódico del país porque en una de sus publicaciones “hizo un llamado a la violencia contra la mujer”. La tirilla cómica “Pepito” se despide de uno de los principales rotativos del país porque, como siempre, hay personas que tienen miedo. Miedo de que descubran sus verdaderas intenciones, miedo de que se den cuenta que no velan por los intereses del pueblo, miedo de no poder controlar al país.

Y precisamente del miedo se nos habla durante las clases de periodismo. Se nos advierte sobre el no poder realizar nuestro trabajo, nos explican que seremos vetados; nuestros profesores nos enseñan ejemplos sobre los periodistas y comunicadores que han sido despedidos, encarcelados y hasta asesinados por querer ser la voz de un pueblo que no puede hablar; por querer decir la verdad sin miedo a los grandes intereses. Día a día en nuestro caminar por el maravilloso mundo del periodismo, nos damos cuenta como la libertad de expresión y la libertad de prensa serán juzgadas, burladas y pisoteadas.

Tan burladas y pisoteadas como la representante nuevo progresista, María Milagros Charbonier hizo con la tirilla cómica, “Pepito”. La señora Charbonier, se sintió aludida y ofendida por una tirilla cómica, que según ella y su amigo Carlos “Jhonny” Méndez, provoca y representa la violencia contra la mujer… además de insultarla. Una tirilla cómica donde un niño tiene una conversación con su madre, tan normal, como la tenemos con nuestros pares todos los días. Sigue leyendo

Ahora, más que nunca, no hay que tener miedo

No hay duda: amo el periodismo. No hay duda: el poder ser la voz de las personas que no pueden ser escuchadas, me llena de satisfacción. No hay duda: mi meta es poder contribuir a un periodismo de excelencia donde el mismo no sea vetado ni tampoco realizado para satisfacer otros grandes intereses. No hay duda: somos el cuarto poder. No hay duda: nos están, poco a poco, acabando.

¿Cómo una profesión tan antigua y poderosa, en pleno siglo XXI puede acabarse? El periodismo ha sufrido una serie de cambios a través de los años que no han sido del todo buenos. Aunque, nuestra profesión está amparada bajo la Primera Enmienda en la Constitución de Estados Unidos y en la Constitución de nuestro país, bajo el Artículo II, Sección 4, lo cierto es que, en estos momentos nos están intentando silenciar.

Para muestra con un botón basta y ese botón, usted lo ha apretado varias veces. Usted, cuando lee, se puede dar cuenta si el reportaje o la noticia es objetiva o si por el contrario, está velando los intereses de alguien que con su dinero o amenazas está detrás de la misma.

La libertad de prensa es muy importante para que los ciudadanos puedan enterarse de las cosas que afectan su vida y así puedan tomar una decisión. Además, no importa qué tipo de gobierno exista, es importante para que siga existiendo lo que se conoce como democracia. Algo que, lamentablemente, también estamos perdiendo.

Solo hay que ver cómo periodistas han sido vetado de sus funciones, encarcelados o, peor aún, asesinados. Todos los días se manifiestan nuevos ataques a la prensa y cada vez hay menos libertad de la misma. No culpo a los que intentan silenciarnos, a veces se descubren cosas horribles gracias a las investigaciones periodísticas, pero entiendo que se debe tener cierto respeto o al menos transigencia hacia el mismo.

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Fake news: la orden del día en los gobiernos faltos de respeto y tolerancia.

Gobiernos como el de Donald Trump, donde la prensa constantemente es vigilada, son muestras de cómo el odio y las ganas de falta de fiscalización va en aumento. Es difícil poder servir a un país, buscando la justicia cuando el gobierno está detrás de ti lanzando amenazas. Hablando del gobierno actual de Estados Unidos, puedo mencionar también cómo en la democracia que ellos buscan, han dejado, de manera intencional, que las fake news se conviertan en la única manera en que los ciudadanos puedan mantenerse informados.

Parece mentira que en un momento en que pareciera que estamos al día en el disfrute de nuestros derechos, los periodistas tengamos que sentirnos amenazados cada vez que se nos envía a investigar algún evento. Además, es triste que alguien con más poder que uno, busque la manera de que se revelen las fuentes y de quitar programas de radio o de televisión solo porque están llevando un periodismo de excelencia al ser completamente objetivos y hablarle al pueblo con la verdad sin importar cual sea.

Se nos platica mucho sobre lo bueno y lo malo del periodismo. Incluso, se nos enseña cómo periodistas han sido galardonados por esclarecer un crimen, pero también cómo han sido víctimas fatales por la misma razón. Se nos enseña también que no se puede tener miedo y que por nada del mundo podemos dejar que compren nuestras letras y nuestra ética, pero solo cuando nos graduamos y estamos en el field es cuando verdaderamente nos damos cuenta que esta profesión NO es sencilla, asequible y mucho menos comprensible.

Los medios de comunicación han cambiado. Las tecnologías han cambiado. Nos han intentado callar y hasta asesinar, pero no hay que tener miedo. Los nuevos programas de chismes y las noticias falsas que la multitud comparte sin verificar, hacen que nuestro trabajo sea más difícil, pero no hay que tener miedo.

En estos momentos donde están ocurriendo tantas situaciones asombrosas, importantes y sustanciales para el puertorriqueño y el ser humano, podemos considerar tirar la toalla porque no nos van a dejar realizar nuestra función, pero no hay que tener miedo.

Se nos enseñó que esta profesión es valiosa y de importancia para nuestra sociedad. Gabriel García Márquez que “el periodismo es el oficio más bonito del mundo” y para mí, no hay verdad más absoluta que esa. Por eso, en el Día Internacional de la Libertad de Prensa, y ahora más que nunca, no hay que tener miedo.

¡Felicidades a todos los colegas que buscan un mundo mejor a través de un periodismo de altura y veracidad!