Masters of the Universe: una reseña realizada por alguien que no vio la película

O: Periodismo de investigación basado exclusivamente en la felicidad de mi novio.

No vi Masters of the Universe.

Antes de que los puristas del cine me denuncien ante alguna autoridad competente, quiero aclarar que esta reseña está basada en una metodología igualmente rigurosa: observar la reacción de mi novio al salir de la sala.

Considerando el estado actual del periodismo cultural, entiendo que esto apenas me coloca un escalón por debajo de Rotten Tomatoes.

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Mi fuente llegó a la sala preparada. Había leído críticas. Había escuchado reseñas. Había hecho lo que hacen los fanáticos cuando una adaptación les importa: prepararse psicológicamente para la posibilidad de una decepción histórica.

Pero ocurrió algo inesperado.

Salió contento.

No “contento” en el sentido de “pues estuvo entretenida”.

Contento de verdad.

La primera observación que recibí fue sencilla y contundente:

“La película está muy bien hecha”.

Y eso, viniendo de un fanático, tiene peso.

Los fanáticos no son fáciles de impresionar. Son personas capaces de detectar inconsistencias argumentales a velocidades que la ciencia todavía no puede explicar. Si un personaje usa el arma equivocada durante siete segundos en una escena oscura, ellos lo saben. Si cambias un detalle importante del universo que aman, también lo saben. Y probablemente escribirán un ensayo de doce páginas explicando por qué.

También me comentó algo interesante sobre una de las críticas que había escuchado antes de entrar al cine.

Algunas personas habían señalado que la parte de la historia que transcurre en la Tierra se sentía demasiado larga.

Su reacción fue básicamente encogerse de hombros.

Según él, la película logra balancear muy bien el tiempo entre la Tierra y Eternia. Ninguna de las dos se siente como una parada obligatoria para llegar a la otra. Ambas están trabajadas con cuidado y forman parte de una historia que parece saber exactamente hacia dónde va.

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Otra cosa que me llamó la atención fue lo que me contó sobre el humor.

Porque una cosa es recrear Eternia. Otra muy distinta es recrear el sentimiento de verla.

Según mi corresponsal acreditado, la película tiene humor, pero no ese humor moderno que aparece cada treinta segundos para recordarte que nadie se toma en serio lo que está ocurriendo.

Al contrario. Los chistes parecen entender cuándo entrar y, más importante aún, cuándo salir.

Me explicó que el humor y la nostalgia están mezclados de forma bastante natural. No se siente como una lista de referencias lanzadas para provocar aplausos automáticos ni como un intento desesperado de parecer graciosa.

La gente se ríe, recuerda y sigue adelante con la historia.

Sé que suena como algo que debería ser normal.

Sin embargo, después de años de entrenamiento cinematográfico, ya no doy nada por sentado.

Mientras tanto, ocurrió uno de los acontecimientos más hermosos de la noche.

Sentado a su lado había un señor mayor completamente emocionado con la película.

Tan emocionado desde los cortos. Tan emocionado, de hecho, que cada vez que olvidaba el nombre de algún personaje recurría a mi novio para consultarlo.

Me gusta imaginar que la experiencia cinematográfica terminó convirtiéndose en un documental educativo improvisado.

—¿Quién es ese?

—Tal personaje.

—Ah.

Cinco minutos después:

—¿Y ese otro?

La verdadera magia del cine no estaba solamente en la pantalla.

También estaba ocurriendo en la fila de al lado.

Y para mí, eso dice mucho más sobre la película que cualquier puntuación en Internet.

Porque cuando una adaptación consigue emocionar tanto al fan que conoce cada detalle como al que simplemente quería reencontrarse con personajes que recuerda desde hace décadas, algo está funcionando.

También recibí información de interés público.

Según mi fuente, las mujeres que vayan a ver la película tendrán razones adicionales para mantenerse atentas cuando aparezca He-Man.

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No voy a elaborar demasiado sobre ese asunto.

Hay investigaciones periodísticas que tienen límites.

Lo único que diré es que la observación vino acompañada de una sonrisa que me hizo entender perfectamente el punto sin necesidad de documentación adicional.

Aparentemente, los productores comprendieron que cuando haces una película de Masters of the Universe, los músculos también forman parte del presupuesto.

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Y hablando de personajes, destacó como Jared Leto se hizo notar interpretando a Skeletor. Mencionó como Leto es conocido por transformaciones físicas y en esta película no fue una excepción. Dijo mi fuente y cito:

Su actuación es de las mejores cosas de la película, siendo temible, pero a la vez ridículo como se muestra en los dibujos animados.

Cuando finalmente le pregunté si volvería a verla, ni siquiera tuvo que pensarlo.

Sí.

Ni condiciones.

Ni excusas.

Ni el clásico “la veo cuando llegue al streaming”.

Sí.

Y para rematar, me informó que existen tres escenas poscréditos.

Tres.

Lo que significa que Hollywood ya ni siquiera produce películas.

Produce programas de permanencia obligatoria.

Mi conclusión profesional es la siguiente:

No sé si los efectos especiales revolucionarán la industria.

No sé si la actuación redefinirá el arte cinematográfico.

No sé si la película resolverá los problemas económicos del planeta.

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Lo que sí sé es que vi salir del cine a un fanático sonriendo como si acabara de recuperar una parte de su infancia que llevaba años guardada.

Y eso no es poca cosa.

Mi calificación oficial es:

4.5 sonrisas genuinas de fanático de Eternia sobre 5.

No porque haya visto la película.

Sino porque vi a alguien salir del cine recordando por qué se enamoró de ese universo en primer lugar.

Y sospecho que para una película como esta, eso vale más que cualquier crítica.

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