No señor, los hombres no esperan

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Nosotras las mujeres somos complicadas. Lo acepto, el hombre tiene mucha razón. A nosotras nos gusta dar explicaciones complejas, nos volvemos “un ocho” con la ropa, escribimos un testamento en una postal y recordamos todas las fechas de importancia.

Los hombres son más simples. Sus contestaciones son “sí” o “no”. Están contentos con un mahón y una camisa, poner un “te amo” al final de la postal es suficiente y no tienen que recordar cada fecha porque para eso estamos nosotras.

¡Punto para los hombres! Lamentablemente nosotras nos ganamos el título de “CABRONAS” y no por cuernúas. En ocasiones perdemos tantas oportunidades por ser complicadas. No sabemos qué decir y a veces nuestra inseguridad es tanta que nos ata. Cosas tan simples como decir la idea que te llevará a un aumento en la oficina hasta digamos de las más complicadas como darle la oportunidad al chico que te hará feliz de por vida, las mujeres las convertimos casi en una tesis de doctorado. No es para menos, nuestra cultura y sociedad nos ha enseñado que nosotras las mujeres tenemos que pensar mejor las cosas antes de hacerlas. ¡Hasta la chica con espíritu libre piensa muchas veces dónde hará su próxima locura!

Haciendo el “long story short” voy a detenerme en un punto que aunque no pasa a menudo (sí pasa muy seguido) es importante: cuando las mujeres que nunca le dieron la oportunidad a un chico, ahora que él tiene novia, sienten una cosita en el corazón.

¿Ven por qué nos ganamos el nombre de cabronas? Existimos mujeres que no hemos tenido buenas relaciones pasadas. Hemos mantenido a nuestras parejas (sin tener dinero nosotras), hemos aceptado que él no sea detallista, perdonamos que se les olvide nuestro cumpleaños o peor aún, el aniversario e incluso volvemos luego de que nos fallen; pero cuando llega un muchacho bueno no podemos darle una simple oportunidad. ¿Qué perderíamos? Ya hemos visto y pasado de to’.

Por ejemplo y este es uno de mis favoritos. Hay una chica bastante complicada, de esas que escriben testamentos en las postales, pero que es muy buena. No le ha ido muy bien en el amor, y aunque sus relaciones han sido largas y estables, no ha tenido buena suerte. Sin embargo, ella siempre daba una oportunidad y siempre trataba al “próximo” con más amor que el anterior. Ella como mujer madura sabe que el que llega no tiene la culpa de lo que pasó. Pero un día se cansó y cambió. Aprendió que el que no estaba era porque no hacía falta. Así que se alejó de lo que no valía la pena, dejó los detalles con quien no los merecía y se sentó a esperar que llegara el que moviera cielo, tierra y mar por ella.

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¡Lo consiguió! Apareció este único hombre alto, rubio de ojos claros, gordito, con metas, con negocio propio, detallista (le bajaba el cielo) y lo más importante: chef, cocina “muy por encima”. Era el complemento perfecto pues ella ama fregar. Y él la apoyaba tanto en sus cosas que le prometió que la llevaría a Hollywood. ¡Era un amor! Pero a ella no le gustaba.

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Ella lo intentó, pero por ser tan complicada, lo perdió. “Es que no es mi tipo”, “no dudo que sea buena persona, pero siento que es prepotente”, “es que ¿y si al final nos dejamos?”, “cada vez que salimos terminamos peleando porque de verdad que es guilla’o”… Pero es que nunca le dio la oportunidad para ver si complementaban o no. ¿Realmente era prepotente y guilla’o? ¿O eran tal vez excusas?

Si salieron tres veces fue mucho, pero nunca faltaba el texto de cumpleaños, graduación, Navidad, San Valentín, tampoco ese saludo por las mañanas. Las llamadas telefónicas donde le decía “quisiera verte otra vez” duraban hasta la madrugada. El tipo no se rendía, no se rindió por tres años. No se le olvidaba pedirle la oportunidad de volver a verla y cuando la veía su sonrisa y sus ojos verdes brillaban más que un lucero, pero por complicada ella no se daba cuenta porque él no era el tipo de chico con el que ella saldría.

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No fue hasta que texteando un día como cualquier otro, leyó un texto que hizo que su mundo frenara de cantazo.

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Sí, el chico bueno se cansó de esperar y se consiguió a una mujer que lo valorara. Aunque ella por querer ganar diga que “esa lo quiere por interés”, la verdad es que lo tuvo en el “Friend Zone” por tres años. El tipo estuvo ahí incluso mientras ella lo intentaba con otra persona y todos sabían que eso no iba a funcionar, por eso él no perdía las esperanzas. ¿Qué creía ella? ¿Qué iba a llegar a viejito esperando que a ella le diera la gana de darle el “break”?

No señor, los hombres no esperan. A penas luchan y si luchan se cansan. A los hombres les gustan los retos, no quedarse pega’os por tres años esperando. Lo dije al comienzo, los hombres no son complicados y aunque “acepten” nuestras complicaciones, no será así por siempre.

Ahora nuestra amiga no deja de mirar las fotos del cano, se pregunta qué hubiese pasado, se le sale el nombre de la boca todo el día y hasta enojada cuestiona que si tanto la quería por qué razón tiene a otra. ¿¡Cojones verdá!?

Mire Julianna no sea tan CABRONA. Tú no lo querías, tú solo podías ofrecerle una amistad, tú no querías hacerle daño y le dijiste que se buscara a alguien mejor. ¿Sabes cuántas veces lo trataste mal? Lo dejaste ir por complicada, por predicar la moral en calzoncillos, porque no era el tipo con el que te imaginabas tener una relación. Pero tú sí eras la mujer con la que él quería llegar al altar, viajar el mundo y tener una familia. Tranquila, te entiendo. Tú estabas dispuesta a darle la oportunidad al que se desaparecía, al que no te hacía formal aunque llevaban hablando dos años.

Y usted se preguntará “por qué la que escribe está tan segura de lo que le pasó a Julianna” y la que escribe, con una seguridad como la que nunca ha tenido va a sonreír sarcásticamente y le dirá: “porque yo fui la estúpida complicada que ahora que él está feliz quiere tenerlo consigo”. O por lo menos, la complicada que se pregunta: “¿y si lo hubiese intentado?”

Así las cosas, eres un buen hombre así que espero que ella te trate al menos como te hubiese tratado yo.

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