Allí estaba un grupo de personas. Un grupo de jóvenes y adultos mayores que llegaron a San Juan cerca de las 3:00 de la tarde. Todos caminando por la calle Fortaleza, mirando a los policías que están parados con autoridad detrás de unas vallas anaranjadas y otras de cemento. Vestidos con camisas negras que leían: Ricky RENUNCIA. Entre ellos, solo una persona tenía una camisa distinta. Una camisa color negra, pero no tenía un mensaje; tenía una foto. Un hombre mayor, de pelo negro, ojos grandes y barba frondosa junto a una niña pequeña. La niña de la foto muy parecida a la chica grande que tenía la camisa puesta.

-Sí. Mi papá en mi foto favorita. Él si estuviera vivo, me hubiera dicho ve a luchar por tus derechos, pero no está. Murió a consecuencia del Huracán María y luego de 8 meses pudimos enterrarlo con la caja cerrada, estaba verde. No era un humano, no era mi hermoso papá. Estuvo 5 días en su cama, muerto, violeta, sin poderlo mover. Por él y por los otros, estoy aquí temprano.

Yolanda, no quiere ir al Capitolio. Dice que se quedará lo más cerca de la Fortaleza porque ahí es su lugar. No es la primera vez que se para ahí en honor a su papá. Lo hizo un mes después del huracán, tres meses después, 8 meses después y cuando por fin lo pudo enterrar.

-Los que están en el Capitolio harán su trabajo, pero por mi papá tengo que dejar mis energías y mi corazón en esta calle. No me importa si Ricardo está aquí o no, porque por su culpa mi papá estuvo tirado en una cama muerto y por su culpa, no lo pude enterrar y también por su culpa se burlaron de él en el famoso chat.

Entrada las cinco de la tarde, era difícil caminar por las famosas calles del Viejo San Juan. Caminar por ellas, era sentir la indignación, el atropello, el cansancio. Podías sentir la llamada a unirte a luchar por un país nuevo. Panderos tocaban, trompetas se escuchaban y el coro cada vez era más grande. Unísono, magistral.

-El pueblo te eligió

El pueblo a ti te saca

Recoge tus cosas

Y vete pa´tu casa

La indignación está generalizada. Ricardo Sánchez llegó desde las montañas de la Isla. Con su bandera en su cuello y una bandana en su cabeza, pita con mucha emoción mientras intenta caminar hacia la Plaza del Quinto Centenario. Es imposible, la gente no cabe. Para Ricardo es difícil moverse entre la gente, pero no se molesta, porque vale la pena. Abre sus ojos negros como el azabache y sonríe. El grupo convocado en el Capitolio no ha salido y ya no cabe un alma más en estas calles.

Ricardo es hermano mayor. Tiene un hermano de 22 años, Fabian y otro de 15, Roberto. Roberto es un jovencito que siempre ha sido estudiante de educación especial. Su escuela fue cerrada y se quedó sin maestra de educación especial. En este nuevo año escolar, en la escuela receptora a la que asiste, no ha podido tener un buen rendimiento académico porque ni siquiera hay espacio para su sillas de ruedas. Ricardo está caminando, pitando, gritando y luchando por él.

Las calles se hacen más angostas. Pero en cada esquina, hay música. Hay tambores y personas que bailan bomba. La bomba los relaja y lleva un mensaje. Tres mujeres y dos hombres se deslizan a lo largo de la acera moviendo sus caderas y alzando sus faldas de color negro, tan negro como el dolor que cada individuo tiene en su alma. Los tambores suenan más fuertes, tan fuertes como los gritos que se escuchan en la calle Fortaleza. Cada sonido del tambor representa un grito de dolor. Cada golpe retumba en los corazones de las personas que están con sus celulares grabando cada paso, cada canción.

Jaime, alto y trigueño, es uno de los que está bailando bajo el sol caliente. Sus gotas de sudor hacen surcos en su rostro, pero no está cansado. Al contrario, bailar bajo el calor representa para él sacar el dolor. El dolor de un pueblo que hoy camina unido para decirle al mundo que están cansados del gobierno que los agobia.

Las personas que están viendo el baile de bomba, comienzan a cantar. Se mueven al compás de la música mientras sus camisas negras bailan de izquierda a derecha. Gritan de emoción. Lloran de coraje, pero ese coraje se convierte también en expresiones que se escuchan por todo San Juan.

Según pasan las horas, el caminar se torna más pesado. En el viejo San Juan no cabe una persona más. Hay miles de personas caminando hacia la Plaza del Quinto Centenario. Las personas chocan, no tienen espacio. Tienen cartulinas con mensajes dirigidos al gobernador. Una cartulina tiene un mensaje que dice: Rosselló renuncia por dignidad y por tus hijos. Piensa en Claudia y en Pedrito, no los castigues así.

Las personas se ayudan entre sí. Se dan comida y frutas. Comparten agua y se abrazan convirtiendo los pequeños dolores, en uno colectivo. Las personas llegan poco a poco a la plaza donde ya está la tumba coco con los artistas luchando por conseguir la renuncia del gobernador. Ricky Martin se expresa y recibe gritos de aprobación.

René Pérez, Bad Bunny, Jaime Mayol, PJ Sin Suela, Tommy Torres e Ileana Cabra, llevan un mensaje contundente: Rosselló tiene que renunciar. El pueblo está cansado de los pillos, de la corrupción, de las injusticias. Cada artista dio un mensaje de unión, cada uno distinto en la forma de expresarse, pero iguales en un solo fin.

El público no dudó en gritar PUÑETA y en exigir la renuncia. Hay mas de cinco mil personas conglomeradas en la plaza. No se puede caminar, pero no es necesario hacerlo. Cada persona está ahí por un dolor distinto, en los ojos y en sus puños al aire se puede notar. Con las banderas arriba entonaron el himno revolucionario, porque como dijo René, el otro es del de Cristobal Colón y él mató a muchas personas. La canción nueva de René Pérez y Bad Bunny fue aplaudida y vitoreada. Ella recoge el dolor colectivo de un pueblo que despertó.

Hay muchas cartulinas y hay muchos jóvenes. Jóvenes de 18 años, universitarios, de escuela superior o recién graduada de ellas. Ellos son el presente y están luchando por el futuro del país. Lisandra Ortiz, de pelo rizo, color marrón, con pantalón corto y una camisa negra de Pedro Albizu Campos, tiene una bandera amarrada de un palo de escoba.

-No hace falta perder a un familiar para sentir repudio por este gobierno. Soy estudiante universitaria y no creo en este gobierno. No es porque sea popular o independentista, es que gracias a ese chat pudimos ver cómo es el gobernador realmente. Odio que se burlen de los demás, de los muertos, de la pobreza, de las desgracias. Estoy aquí por ti y por mí y por todos.

No solo hay gente joven, hay señores mayores, retirados que luchan por su pensión. Personas de cabellos blancos, que apenas les da su mensualidad y tienen que escoger entre pagar la luz o comprar sus medicinas. Es triste ver sus caras impotentes, llenas de dolor caminando lento, con ayuda de personas que no conocen, pero que los empujan a seguir luchando por sus derechos y su dinero. Hoy los viejitos caminan junto a los jovencitos. Hoy el bolero y el reggaetón se unen y forman una fusión que jamás será silenciada.

Luis, de 76 años intenta caminar al contrario de la multitud. Tiene un retrato en sus manos que lo alza cuando pasa a través de las personas. Una foto de una mujer de pelo negro, largo, con espejuelos y sonrisa tímida. Esa mujer es su hija, una víctima fatal de la violencia de género.

-Mi hija murió porque su esposo nunca quiso darle el divorcio. Era un hombre fuerte y violento. Ella le puso una orden de protección y se fue pa´mi casita. Un día salí para una cita y ella se quedó durmiendo. Cuando viré, ella no había despertado. Todavía no lo ha hecho.

Luis no pudo contener el llanto. Empezó a llorar cada vez más fuerte y la multitud le hizo espacio y lo sentaron en el piso. Le dieron agua y un hombre de pelo rubio, blanco, se acercó y le secó las lágrimas. Su hija, murió de dos puñaladas que su esposo le produjo cuando Luis salió de su residencia.

-Nunca me quiso escuchar, el gobernador nunca nos escuchó. Nunca dijo que existía una emergencia nacional, nunca le dio importancia. Mi hija murió y nunca lo escuché preocupado. Mi hija, se fue, se fue. Mi niña, la trabajadora social de la casa, ya no puede ayudar. El gobierno, todo el gobierno falló. No solo Ricardo, fallaron to´s.

Luis tardó mucho en recuperarse. Todavía le duele hablar de ella. Llora y sus ojos parecen cristales. Llora y se asfixia cuando intenta coger aire. Armando, el hombre que le secó las lágrimas se quedó con él y cuando se calmó, lo ayudó a parar y lo acompañó. Sin importar que eso significase que Armando se apartaría de su grupo.

Los medios de comunicación estiman más de 30 mil personas. El personal que trabaja en Fortaleza, unas 12 mil. Al parecer no están viendo las noticias, porque mientras más gente sale de San Juan, una masa más grande se reúne. En prensa internacional, estimaron más de 50 mil. No es una simple marcha, no es una protesta pequeña.

En la calle La Fortaleza y en la calle de El Cristo hay miles de personas. No se puede caminar, no se puede respirar. Hay personas sin camisas, personas con distintos mensajes. Hay miles de banderas flotando en el aire. Y se escuchan distintas consignas.

-¿Dónde está Ricky?

Ricky no está aquí.

Ricky está vendiendo

lo que queda del país.

Es difícil lo que está pasando. Es asfixiante lo que se vive en estos momentos en estas dos calles que al final se unen frente a la casa del gobernador. Hay muchos uniformados lanzando advertencias y una multitud cansada que hace caso omiso a ellas. Han habido varias advertencias de parte de la policía, pero la multitud no tiene miedo.

Las personas gritan: somos más y no tenemos miedo. Cada vez esa consigna se oye más alta. Nadie se mueve, todos quieren quedarse, detenerse. La multitud es mucha, es algo que no se puede explicar. La vida está en peligro porque la cantidad de personas es impresionante, pero no hay miedo. Los que están dentro de esa multitud, no tienen miedo, se lo robaron también.

Hay tensión mientras el pedido de renuncia se escucha cada vez más largo. Los gritos de las personas cada vez son más y se escuchan muchos nombres:

-Por Mara. Por Gonzalo. Por mi papá. Por mi madre que murió de cáncer. Por mi hijo de 3 meses. Por mi vecino, por Luisa. Por Juan, por los policías. Por el retiro, por la educación, por la salud. Por los más de 4 mil muertos que no salieron en las noticias. Por los que dicen la verdad. Por las burlas. Por las mentiras. Por Puerto Rico.

Y así, dentro de la calle del Cristo, por aproximadamente 10 minutos las personas mencionaban por qué estaban en esa marcha. Cada nombre tenía una historia distinta. Cada nombre representaba dolor, frustración y coraje.

San Juan no se vacía. Los manifestantes continúan en su lugar. Ya no cabe un alma más, pero el puertorriqueño se sigue uniendo. Sí, hay enfrentamientos, pero esos enfrentamientos no representan el dolor que el boricua ha vivido por tantos años.

Un grupo de jóvenes que están cerca a las vallas anaranjadas, frente a la policía, intentan controlar a la multitud diciéndoles que no tiren botellas de agua ni ningún tipo de objetos. Tumban las vallas, pero no se enfrentan a la policía. Los ánimos siguen caldeados, la policía da sus avisos y advertencias, pero nada pasa. La gente no se quiere mover.

-Esto no se termina hoy. Mañana volvemos y el viernes también. Esto no se acaba hasta que Rosselló se vaya. Esto no se acaba hasta que limpiemos la corrupción.

Mirar a los miles de manifestantes se vuelve de alguna manera difícil porque son tantos, que parecen pequeños puntitos a lo lejos. Provoca una sensación de dolor de cabeza.

Llegó el momento que tanto estaban esperando. Las decenas de policías y uniformados, tiraron fuegos artificiales dentro de su perímetro. Aprovecharon el ruido de estos y el humo para lanzar los gases. Esto hizo que la multitud se dispersara por todos lados.

La policía sobrepasó su perímetro, buscando manifestantes y empujándolos. Están a lo largo de las calles y en la Plaza de Armas. La policía sigue tirando y utilizando su fuerza para asustar. Los manifestantes les gritan que no abusen, que dejen de tirar primero, que hay personas afectadas.

La Plaza de Armas se vuelve un campo de guerra. Una tierra de nadie. Hay mucha basura, lanzamiento de gases y personas gritando. Hay sillas volando hacia los policías, pero también algunos de ellos utilizaron su fuerza primero. La gente está molesta, grita hasta quedarse sin voz. Los periodistas y reporteros se confunden entre las personas. Algunas tienen máscaras para protegerse, pero otras están indefensos.

Al parecer, la marcha por hoy terminó. Las personas no quieren irse de la plaza y se escuchan detonaciones. Abusadores, abusadores, abusadores, abusadores, eso es lo que gritan unos desesperados manifestantes porque se sienten impotentes ante las injusticias.

Ahora hay un pequeño fuego. Algunos están de acuerdo. Otros, buscan agua para apagarlo. Mientras tanto, en otra calle, hay una gran multitud enfrentando a un grupo de la uniformada. Hirieron a un agente.

Hay personas tratando de poner una distancia entre la policía y las personas. Vuelven a tirar fuegos artificiales mezclado con gases, la multitud no se aleja ni se quita. Al contrario, canta y se enfrenta a ellos. Demuestran que no hay miedo. Y aunque se escuchan muchos sonidos a la vez y muchos cristales rotos, el pueblo sigue luchando por sus derechos.

Frente al Departamento de Estado, continúan los enfrentamientos. Incluso, ya no es la policía contra los manifestantes. Ahora hay manifestantes contra manifestantes porque no están de acuerdo en cómo se están comportando ambos. La Plaza de Armas no luce quieta. Hay dolor y gases lacrimógenos por doquier. Quieren dispersar a las personas, pero no lo han logrado.

Hay mesas por el piso, tiestos rotos, basura y una bandera de Estados Unidos quemada. Los manifestantes están haciendo una barrera entre la uniformada y ellos, el pueblo. Ya no hay manifestación homogénea, pero el dolor sigue siendo el mismo.

Son las 12:00 de la media noche y no hay calma ni indicios de que esto pare. Las personas están cansadas de que las cojan de pendejos. No se van a ir. Siguen gritando consignas y siguen tocando instrumentos. Cada gas que lanzan, les da más fuerza.

El fuego vuelve a aparecer en la plaza y las personas a su alrededor cantan. Un hombre encapuchado le dice a un reportero que la educación está mal, que por eso se protesta, que se intercambian dinero y cierran escuelas.

-Esto no es por un chat. Es por mi hijo, por tu hijo, por mi papá. Por las burlas, por las cogías de pendejos, por el inepto de Ricardo.

Las peleas, los gases y el fuego pasó después de las 11:30 de la noche. Pero desde la mañana y en la tarde un pueblo se unió sin precedentes, demostrando que están cansados.

-La prensa nos va a tirar. Van a decir que somos unos revoltosos. Para ellos vale más esto que ocurrió que las más de 100 mil personas que por más de 10 horas caminaron y lucharon llevando un mensaje. ¿Pero sabe qué? Si tiene que haber caos, que lo haya. Hemos estado sumisos y mira cómo nos han tratado. Con el hambre, la educación y la salud NO SE JUEGA.

Esto no se acaba. Esto apenas comienza.

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