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Este año, escribe una verdadera resolución

Con la llegada de un nuevo año corremos a llenar nuestra libreta con resoluciones que la mayoría de las veces no cumplimos. Muchas veces creamos resoluciones que, en el fondo, sabemos que jamás las vamos a llevar a cabo.

En ocasiones la vagancia hace que alguna de nuestras nuevas metas la dejemos para después. Otras veces, enfermedades o falta de tiempo impide poder decir “lo logré”. Y cuando esto pasa, nos sentimos culpables y buenas para nada.

Echarnos la culpa es simple y decir que en el año próximo lo haremos, es más fácil pues nos da un poco de ventaja para seguir haciendo nada. Le echamos la culpa a nuestra falta de voluntad, a la falta de compromiso, pero no nos detenemos a pensar en que estamos, tal vez, tratando de cumplir resoluciones que no nos hacen felices.Por eso, cuando el reloj marque la medianoche, no correré a comer uvas o a escribir en una libreta que quiero rebajar y levantarme todos los días a las seis de la mañana. Tampoco me vestiré de amarillo ni pasearé con una maleta porque esta vez, aunque sea una vez en mi vida, quiero tener propósitos verdaderos y reales. No quiero vivir de rituales que no son necesarios ni de lamentos que me harán dudar de mí como persona.

Cuando empiece a contar de manera regresiva no pediré un nuevo trabajo o un trabajo que me de lujos. Así que la resolución no será conseguir ese trabajo donde labore sin descanso para tener mis cosas; la propuesta será trabajar en algo que me haga feliz. Porque aunque se muera de hambre hacer lo que uno ama es gratificante.

Cuando suenen 12 campanadas y abrace a las personas que tenga al lado no desearé que me amen y me vean como alguien especial. Así que la resolución no será que las personas mueran por tenerme a su lado; la propuesta será amar hasta el cansancio a las personas especiales. Porque nadie es indispensable, pero al brindarles mi amor, lo recibiré de manera recíproca.

Al llegar el nuevo año no voy a llorar por las personas que me hicieron daño y hoy no están para disculparse. Así que la resolución no será esperar su llamada para poderles decir “te lo dije”; la propuesta será perdonar. Perdonarlos a ellos y perdonar a todos los que en el pasado me hicieron daño. Sobretodo, perdonar más seguido en este nuevo año que acaba de comenzar. Porque cuando perdonamos nos sentimos plenos y limpios. Podemos caminar sin cansancio.

Mientras suena la música en la fiesta no voy a lamentarme por no saber bailar como ellos que son el alma de la fiesta a donde quiera que van. Así que la resolución no será tomar lecciones avanzadas de baile; la propuesta será bailar al son que me dicte mi corazón. Con dos pies izquierdos y con una sonrisa que haga que brinque de alegría. Porque no saber bailar tiene sus ventajas y más cuando encuentras a un bailarín que te enseña abrazado a ti.

Cuando el reloj de mi casa marque el número 12, me admiraré y me daré cuenta de la persona maravillosa que soy. Así que la resolución no será ir al gimnasio todos los días, porque en algún momento no tendré tiempo o dinero para pagarlo; la propuesta será moverme un poco más y alimentarme mejor. Porque las libras que baje me ayudarán a sentirme mejor conmigo misma. Y aunque no baje de peso, logré hacer algo distinto por mi bien y no por el de otros.

A la medianoche me daré cuenta que soy el reflejo más lindo de mi ser. No pelearé porque no tengo una vida perfecta y tampoco escribiré en un papel que mi vida tiene que ser espejo de perfección. Así que la resolución no será convertirme en una persona que no soy, porque no soy falsa; la propuesta será llevar la vida fiel a mis principios. No importa si tengo amigos, si no tengo el carro del año o si no me sirve la ropa de hace dos despedidas atrás. Porque la única opinión importante al mirarme en el espejo tiene que ser la mía.

Un año se va y con él se debe ir lo malo, lo que dolió y lo que no sirvió para mejorar. Un año llega y con estos 365 días que se acercan debemos darnos cuenta que somos lo que verdaderamente importa. Dejemos de pensar en grandes cambios y en resoluciones que no están a nuestro alcance.

Por primera vez, por esta vez, hagamos una resolución con nosotras mismas: amémonos más. Alcemos nuestras copas y propongámonos cambiar poco a poco, sin pensar en cómo hacer feliz a los demás; porque mientras busquemos cómo encajar con el exterior, estaremos obviando nuestro camino interior.

Ama, baila, quiérete, equivócate, disfruta de tus amigos, muéstrate como eres, saca tiempo para ti, abraza a un desconocido, procura sonreír, alimenta a un animal, compra local, di buenos días, ayuda a un deambulante, perdona, cómete ese postre de chocolate, aguántale la puerta al que entra, date una cerveza, atrévete a decir que no, ve más a la playa, no seas dura contigo misma y nunca dudes de ti… esas son las verdaderas resoluciones de año nuevo.

¡Feliz Año Nuevo!

Las cosas como son

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