En los brazos de tití

No hay comentarios

Hoy no me levanté temprano a molestarte. No sentí la necesidad de ir corriendo a nuestro encuentro. No pensé en que debía decirte algo importante. Hoy, te dejé jugar más tiempo. No era para menos. Mientras más jugaras, más cansado ibas a estar cuando te viera. Y si estabas cansado, más tiempo podía perderme en tu mirada mientras te cargaba en mis brazos. Además, habías quedado con tití en encontrarnos más tarde.

¡Qué raro no estás! Miro a todas partes y no te veo. No he llegado tarde, no entiendo por qué no has llegado. Supongo que estás cobrando todas las veces en que te desperté, te molesté y no te dejé comer por tenerte en mis brazos y contarte una historia. Me siento donde acordamos esta vez y miro a todos lados, pero sigo sin encontrarte. ¡Es extraño! No hay nadie a quien pueda preguntarle por ti. Cuando nuestros encuentros son en tu casa, tu papá y tu mamita me ayudan y me dicen el porqué no te veo, pero nuestra cita no es en tu casa. Aunque no veo a nadie, puedo escuchar a lo lejos risas. Sí, se oyen al fondo, después de un árbol frondoso. Estoy un poco asustada porque no hay nadie; desesperada porque no te veo y escucho voces a lo lejos. ¡Es mejor salir de aquí y caminar hacia al frente! 

Mientras me dirijo hacia el árbol las voces se oyen más cerca y es sorprendente cómo de no ver a nadie sentada, mientras dejo mis huellas en el camino veo todo más claro. Sentada no veía a nadie, no podía pedir ayuda, sentía que estaba perdida. Pero ahora, mientras más me adelanto y confío, me doy cuenta que existen cosas maravillosas en este lugar. No sé exactamente cuán grande sea esto, pero es inmenso. Se parece a cuando miras hacia el final del mar, nunca puedes encontrar el final y te pierdes mirando el horizonte. Algo así es esto, pero aún no entiendo dónde estoy ni por qué me querías ver en este lugar. Solo sé que estás tarde y yo perdida.

Sigo caminando y comienzo a ver cosas insólitas, pero lindas. El lugar comienza a tener vida y veo unas nubes blancas como algodón. Las nubes son de diferentes tamaños, de diferentes formas, algunas parecen trampolines. Y mientras más nubes veo, más risas escucho. “No corras, con cuidado”, dice una voz dulce y al mirar puedo ver una niña corriendo alrededor de esa enorme bola de algodón. Al lado de la niña, hay otra un poco más grande, solo que esta vez está usando la nube como tobogán.

heart-1213481_1920

Estoy atando cabos, pero no estoy segura de dónde estoy. Aunque sí siento tranquilidad. Me gustaría saber por qué no has llegado, pero creo que lo hiciste a propósito porque no he parado de sonreír. Ahora veo más niños corriendo a sus anchas, brincando en nubes, saltando tan alto que parecen volar y por fin, ¡al fin!, veo personas mayores. ¡Al fin puedo preguntar por ti! Los adultos se ven tranquilos, confiados, pero no dejan de mirar a los niños jugar. Como si fueran guardianes de ellos, como si nunca se fueran a separar.

Me dirijo a ellos para preguntar por Jatniel, por ti Puchungo y mientras me acerco puedo ver cómo todos en este lugar irradian paz en su sonrisa. Una brisa suave me acaricia la piel y el azul de este lugar transmite calma, un sosiego que no se va. ¿Estaré en el paraíso y no me he dado cuenta? No lo sé, pero podría jurar que me siento distinta. Son cosas mías, pero aquí todos se conocen y me miran como si supieran quién soy y por qué estoy en este lugar perdida.

Cuando miro a mi izquierda, me sonrío con dos adultos que están hablando con unos niños hermosos, no más que tú, pero hermosos. Y cuando me dispongo a hablarles alguien me hala el traje. Una bebé como de dos años me señala hacia el árbol frondoso que vi al principio. Wow, hasta la niña sabía que estaba tardándome en llegar allí. Cuando miro de nuevo a la niña, ya no estaba.

No perdí tiempo y observando cada detalle sigo mi travesía hacia el árbol. No sin antes notar la felicidad que transmitía cada ser, cada niño, cada persona que se cruzaba en mi camino. ¿Te acuerdas que te dije que al principio escuchaba risas en el árbol? Me equivoqué. Las risas las escuché según caminaba. Al llegar al árbol frondoso, con muchas hojas en el suelo, escuché a alguien cantar.

autumn-142192_1280

Me acerqué y te vi. Te vi tan contento, tan atento, tan feliz. Y ahí lo entendí todo. No te diste cuenta que había llegado, tampoco hacía falta. Te veías tan bonito escuchando las canciones que te estaban cantando. Parecía la voz de un ángel que susurraba lentamente.

Era un ángel, verdaderamente estabas con un ángel que te cantaba. Su voz angelical lo confirmaba porque mientras más te cantaba, más cautivado quedabas. Tenía un don de hacer que no apartaras los ojos de ella y tal cual maestra te enseñaba a través de sus palabras.

Tan pronto terminó de cantar “El Tambor” corriste a sus brazos y la abrazaste. Y por primera vez en la vida, te lo juro, por primera vez no sentí celos. Y mirando como se fundieron en ese abrazo, lo volví a entender. Lo hiciste con toda intención, me citaste a un lugar distinto para que pudiera ver muchas cosas. Estoy en el cielo y tú en los brazos de tití.

Te amo. Realmente los amo a ambos. Y soy bendecida porque del cielo ahora me cuidan dos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s