Cobarde

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No sé porque soy una cobarde. Tampoco sé por qué huyo de las cosas buenas o por qué pienso que no las merezco. Parece ilógico y hasta contradictorio el que quiera ser feliz, pero trate de alejar de mi vida a los que intentan que lo sea. Sí, soy una miedosa.

No entiendo por qué creo que no soy buena, pero hasta ahora así he crecido. He vivido al paso, con extrema calma y con un miedo horrible de caerme, tan horrible que prefiero no hacer nada. No quiero retos y tampoco victorias; porque para obtener una victoria hay que saber caerse y ya estoy cansada de caerme y no poder levantarme.

No logro descifrar que me mantiene inmóvil cuando me doy cuenta que alguien cree en lo que puedo dar. No comprendo porque automáticamente pongo un alto cuando alguien quiere saber más de mí, cuando empiezan a tratarme bonito. No concibo saber por qué quiero a toda costa provocar que te marches de mi lado.

No es la primera vez que pasa. No eres el primero al que hago pasar por eso. Lo he hecho otras veces y no quiero seguir haciéndolo porque, al igual que en el pasado, tú tampoco lo mereces. Sí, también tuve a esa persona que vio lo que nadie veía en mí, esa que logró mi entera confianza, que conoció mis más grandes traumas y la cagué. Tan pronto vi que podía volverme vulnerable en sus brazos, hice muchas veces, que se alejara hasta que al final lo hizo y dolió.

Como sé que dolerá contigo, pero es algo que no puedo evitar. Estás traspasando poco a poco las más finas líneas y no quiero que eso provoque lo inexplicable en mí. Por eso he tratado le alejarte dos veces.

He intentado que te vayas. He tratado de explicarte que no somos iguales, que no soy lo que buscas, que esto no funcionará y te he dado más excusas que respuestas concretas. He sido cobarde, lo he hecho por texto y no he sido capaz de decirte de frente que no eres para mí.

No mereces esta incertidumbre ni mereces que no te de una explicación, pero hay ocasiones en que ni yo misma sé exponer un punto válido. Y como tú mismo me refutas, no sé ni siquiera en qué me estoy basando ni por qué pienso así de mí.

Realmente soy una pusilánime desde hace mucho tiempo, pero conforme pasa el tiempo mis miedos crecen más. Conforme los daños mis miedos son más visibles. Conforme a la destrucción de mis sentimientos mis miedos crean más inseguridad.

Hace meses fue una persona muy especial. Hoy eres tú y si te cansas, mañana será otro el que tenga que chocar con la pared gigantesca de dudas e inseguridades que posee mi ser.

Agradezco las dos veces que no te has ido. Agradezco tus mensajes y tus ganas de seguir conociéndome. Sonrío al leer que tienes más razones para quedarte que las que yo tengo para echarte, pero confieso, no te será fácil. Realmente no quiero que estés conmigo, pero sí que estés aquí. No quiero que seas el que me despierte cada mañana, pero sí el que descanse junto a mí cada noche. No quiero que me conozcas más, pero sí que aprendas a entenderme.

No quiero herirte, pero sí fallarte. No quiero perderte como he perdido otras oportunidades, pero sí que te vayas. Lo sé, soy una cobarde, una tonta que no sabe lo que quiere. Soy esa que quiere que me insistas, pero le aterra que lo logres. Y aunque en algún momento te contaré lo que me angustia de frente, soy lo suficientemente valiente para decirte a través de un mensaje que me duele, pero no me mereces.

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