Lo vería todos los días 

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Siempre que tengo la oportunidad de invitarlo a una de mis locuras se lo dejo saber. No sé porque siento la necesidad de invitarlo a él y a nadie más. Desde primos hasta conocidos, desde amigos hasta colegas que sé que les gustaría asistir a las cosas a las que voy, pero solo pienso en él. ¡Cómo si no existiera nadie más!

Lo invito siempre. A pesar de que a veces no entiende cómo es este mundo y aunque a veces la actividad no resulte como se supone, no juzga ni se enoja. A veces, me “pega el vellón”, pero solo eso. Siempre vuelve a ir sin importar qué pasó en la actividad anterior. Siempre presente, siempre latente.

Ayer lo vi. Llegué primero que él y lo esperé. Le dije que me texteara cuando llegara para buscarlo en la puerta y así fue. Al bajar las escaleras eléctricas y mirar por las enormes puertas de cristal, lo vi. Grande, risueño, siempre con sus ojos verdes brillando cuando me ve. O por lo menos eso pienso yo. ¡Sus ojos brillan cuando me ve! Lo abracé, me besó en la mejilla y subimos a disfrutar de una noche de películas y artistas de la que solo disfrutamos del artista. Él y yo sabemos el por qué.


Cuando todo acabó no quería dejarlo ir. Era irme pa’ casa o tratar de estar cinco minutitos más con él y sus ojos. Nos despedimos, pero no quería que se fuera, por eso lo invité, para verlo. Cuando iba a tomar la ruta para mi casa entra la llamada que tanto esperaba. “Coge para Condado. Vamos a comer”. Y sonreí como tonta ilusionada porque lo vería un rato más y para mí cinco minutitos eran suficientes.

Llegamos al lugar, caminé junto a él y aunque el lugar estaba ya cerrado, el solo saber un poco más de su vida me bastó. El poder estar junto a él en su carro fue para mí descubrir mi regalo debajo del árbol navideño. Solo lo escuché y me dolió saber que su corazón está pasando una mala situación.

Lo volvía a escuchar y mi corazón me empujaba a besarlo, pero mi mente no me lo permitía. Y por primera vez le hice caso a la mente y no a mi corazón. Él sabe que lo amo, lo amo como amigo y lo amo como hombre, pero siempre he sido una gran mujer. Y una gran mujer no le roba el hombre a otra, aunque tengan mil problemas. ¡No piensa ni en jugar por un rato!

Así que conociéndome y conociéndolo, porque es un hombre en todo sentido de la palabra, solo lo escuché hasta que se desahogó y con un beso y un abrazo me despedí no sin antes dejarle saber que todo iba a estar bien.

Cada quien tomó su camino a la casa, pero no aguanté llamarlo para darle las gracias por ir. Las gracias por permitirme verlo, abrazarlo y ser su amiga. Las gracias por aguantarme y estar siempre apoyando mis locuras. Lo llamé para asegurarme de que supiera que tenía ganas de besarlo y no soltarlo nunca, pero que solo ganas serían.

Se lo dije, pero ambos sabemos que eso no pasará. Y por eso lo invito a mis actividades porque solo así puedo verlo de cerca. Solo así puedo sentir sus manos sobre mi cara cuando me saluda y solo así puedo perderme en su mirada.

Lo invité y lo seguiré invitando porque si por mí fuera LO VERÍA TODOS LOS DÍAS.

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