Estoy en deuda

Un comentario

Hace algunas semanas atrás escribí unas palabras sobre lo que uno, como estudiante, se puede encontrar cuando toma clases. Reconozco que estaba bajo coraje y tal vez escribí de una forma en la que se podían malinterpretar mis palabras. Arranco destacando que mi escrito no necesariamente hacía referencia a la universidad de la cual me gradúo en el día de hoy. Sino que se refería a todas las universidades en las que podías encontrar a un profesor o profesora no apta para darse aires de profesional.

Aclarado ese punto, vamos a hacer este escrito viral. Los que lograron leer el que fue borrado me entenderán, los que no, se lo perdieron. Hoy, cuando todavía los futuros graduados de la Universidad del Turabo no han terminado de desfilar, cierro los ojos y sonrío.

Tengo que aceptar que muchas veces digo las cosas como realmente las pienso aprovechando que este es MI blog y que puedo escribir lo que quiero, metiendo así las patas. Embuste, solamente un escrito ha traído cola, ¡pero esa es la idea! Así que pensando las cosas con detenimiento, esta vez escribo para agradecer y no para criticar.

Recuerdo la primera vez que entré por las puertas de la Escuela de Ciencias Sociales y Comunicaciones para pedir la autorización para una Reclasificación y así poder estudiar Comunicaciones. El director del departamento en aquel momento, fue un señor muy amable que desde ese instante estuvo dispuesto a ayudarme. Recuerdo también que tuve mi programa de radio, llamado El Bohío, desde mi primer año en el departamento y que ese señor, el señor García, nunca tuvo un NO para mis locuras y las de mis compañeros.

Además de toparme con ese director tuve la oportunidad de encontrar a varios ángeles durante mi camino por la universidad. Uno de ellos lo fue Eric Fernández, encargado y técnico del laboratorio de Comunicaciones. Desde mi primer paso hasta hoy, Erico (como cariñosamente le decimos sus estudiantes) ha estado para ayudarme en cada necesidad. Desde imprimirme algún trabajo con urgencia hasta quedarse esperando que le devuelva un equipo; o desde ayudarme a arreglar mi computadora hasta secar mis lágrimas cuando la frustración me abatía. Siempre estuvo y sé que estará ahí porque no sólo es el encargado y el técnico, sino que también se ha ganado el nombre de AMIGO. Gracias mil, querido Erico.

Siempre uno tiene “suerte” y en este transcurso de estudiar se encuentra con algún profesor “buena gente”. Yo no. Yo pude disfrutar de los mejores profesores que pueden existir. No sólo los del Departamento de Comunicaciones, también incluyo a los profesores que tuve cuando estudiaba Gerencia. Lo mío no fue “suerte”. Profesores empáticos, profesores luchadores, profesores “pro estudiantes”. Con los que aprendí a amar a la universidad que había escogido y con los que aprendí a amar las Comunicaciones y a desvivirme por el cine. Jamás podré olvidar toda la ayuda y oportunidades para desarrollarme como profesional. Sí, gracias a ellos pude tener muchas experiencias sin haberme graduado.

Un ejemplo de ello lo fue el poder escribir para la revista del departamento El Turabón. Gracias a una de las profesoras más queridas, María Vera. Mi profesora de Comunicaciones, de Relaciones Públicas, de Periodismo y de la vida. Ella, la que siempre buscaba una oportunidad para que el departamento sonara. La que no dormía ni comía por aguantar las locuras de sus chicos. La que aguantó mis bromas y la que me brindó su confianza para tratarla como me diera la gana. Vera, la que creyó en mí, la que descubrió que domino varios estilos al escribir. Sé que por mi culpa le salieron muchas canas, pero profesora, no se preocupe. ¡Una mujer con canas es sexy!

Intentaré ser lo más breve posible, pero con tantas personas buenas, sera imposible. No puedo dejar pasar por alto a Pablo Impelluso, quien me ha dado la oportunidad de hacer varios proyectos fuera de la universidad. Desde la primera vez que fue mi profesor, vio el potencial que varios estudiantes tenían, incluyendo el mío. Gracias a él he sido PA, he sido actriz, animadora y me disfrutado varias funciones especiales de películas entrevistando a los que allí se han dado cita. Jamás olvidaré mi gran pregunta: “Si fueras policía, ¿cuánto mediría tu macana?” Mi querido Che, muchas gracias por creer en mí desde su primera clase. ¡Ah! Gracias también por haber llevado a Leonardo Castro a la clase.

Profesor Cordero Cancio, no se me olvida cómo mi visión del cine cambió gracias a usted. Los guiones ahora los construyo de manera diferente. Lo comercial ya no importa, es el mensaje que se quiera llevar. Ahora veo una película con mayor detenimiento, ahora no escribo por escribir. Soy, gracias a usted una mejor cineasta. ¡Y ni hablar de la clase de fotografía! Me divertí mucho tratando de contar una historia a través de una foto. Y en la clase de Introducción a la Cámara Digital me bebí hasta las lágrimas grabando los planos secuencias. Gracias por cada oportunidad y por su paciencia.

Siguiendo la línea del cine y de la producción tengo que aceptar que solamente un profesor logró intimidarme en su clase. Freddy Marrero, qué mucho aprendí con usted. Se le extraña mucho por la universidad. Gracias por sus consideraciones.

Ivette Soto, tomar su clase fue un reto para mí. Gracias por la oportunidad de darme cuenta que puedo, algún día, llegar a ser una buena publicista. “Aqua” me dio la oportunidad de conocer el “rush” que uno puede encontarse en ese mundo.

Y hablando de mundo, el mismo cambió cuando conocí a el gran querido y venerado “García Creitoff”. Gracias al “papá” terminé completamente enamorada de Julian “Papito pa’ casa” Assange. Tanto, que uno de mis mayores sueños es ir a Londres y poder entrevistarlo de cerca. Creitoff me enseñó lo importante que es ser una persona cuerda en este trabajo. Gracias por hacer que me enamorara aún más de las Comunicaciones, por mantenerme despierta en su clase.

Profesor Luis Albert, aunque no tomé clases con usted quiero que sepa que aprendí mucho. El trabajar de cerca a usted en Turabo Informa me hizo aprender más a ser una persona observadora y perfeccionista. El ser parte del crew del cortometraje final me hizo entender que estaba trabajando con uno de los grandes. Gracias por esos vasos de café compartidos.

NO quiero que en este repaso se me quede ninguna persona. Así que tengo que mencionar dos cosas importantes: la primera, no todo el mundo tiene la oportunidad de tomar clases con una periodista veterana, pero yo sí. Daisy Sánchez, gracias por despertar en mí el hambre de hacer un buen periodismo investigativo. Gracias por hacer que me diera cuenta UNA VEZ MÁS, que no nos podemos quedar callados. Y la segunda, los profesores aquí mencionados no han sido los únicos que han engrandecido mi conocimiento. Así que quiero agradecerles a todos los profesores toda la ayuda que me han brindado. A la profe de Arte, a los profesores que tuve cuando estudié en el recinto de Cayey y a cada profesor que logró que yo sacará todo el talento que tenía escondido. A todos, todos muchas gracias. Hoy, me doy cuenta lo dichosa que fui al tomar clases con cada uno de ustedes.

Ya desfilamos, ahora continuaremos los tan esperados Actos de Graduación de la Universidad del Turabo. Ya tengo que dejar de escribir porque estoy a punto de lograr una de mis más anheladas metas: el poder pisar la tarima y tener en mis manos lo que por tanto tiempo mis padres y yo hemos esperado. No porque tenga la obligación de tener estudios universitarios, sino porque ellos saben el gran potencial que poseo.

¡No quiero dejar de escribir! Siento que me falta mucho por decir. Y es que no puedo dejar de darle las gracias a tantas personas. Decana, mi querida Decana. ¡Cuánto le debo! En este ultimo semestre se conviertió en mi madre. No salía de su oficina, todos los días tenía un problema que contarle, siempre le tenía una pregunta que hacer y usted siempre tenía el tiempo para mí. Gracias por sus chistes, por sus consejos, por su ayuda, por creer en mis locuras, por defenderme como una leona y por dejar que convirtiera su oficina en una fiesta con mis visitas y canciones.

Sencillamente no tengo palabras para poder expresarle mi agradecimiento a todo el personal administrativo de esa que por siempre será mi universidad favorita. Cada uno de ellos, desde los guardias de seguridad hasta los que trabajan en el CISE hicieron de mi caminar uno más ameno. Personas empáticas, cordiales y “pro estudiantes” que siempre buscaban solucionar nuestros problemas sin impotar qué. Tanto así que tres días antes de mi graduación estaban faja’os ayudándome en unas cositas. ¿Verdad Yimara? Te debo tanto, gracias por permitirme entrar a tu oficina y cantar y bailar la canción dedicada a ti.

Ahora comprendo que, en la mayoría de las ocasiones, el problema no está en el profesor; sino en los estudiantes. Sí, porque muchas veces faltamos, no entregamos los trabajos y esperamos a que quede menos de un mes para informar que estamos colga’os en una clase. Ahora que soy casi casi graduada me doy cuenta de muchos errores que cometí. Errores que cualquier persona puede cometer, claro está.

Puedo cerrar los ojos, sonreír y levantarme segura a recoger los premios por los que mis padres, mis pares, los profesores y yo, nos hemos jodío durante TODOS estos largos años; con toda seguridad puedo decir que estos años no son nada comparado con la alegría que esto traerá a mis padres y a mí en lo personal.

Hoy, en el día de mi graduación, miro hacia atrás y veo sentimientos y alegrías. Hoy, en el día de mi graduación, miro hacia atrás y trato de buscar a mis padres para verlos sonreír agarrados de mano porque su hija lo logró. Hoy, día de mi graduación, miro hacia atrás, hacia los lados y veo a mis compañeros junto a mí, como siempre lo han estado desde mi primer día en la universidad. Aquí a mi lado, no están mis compañeros; están mis mejores amigos. Esos que nunca me dejaron sola y creyeron en mí. Esos que vieron que tenía el potencial para ser su presidenta durante este año académico que culmina dentro de varias horas. Sí, esos a los que el tiempo y las circunstancias te obligan a llamarlos FAMILIA.

¡Familia! Es fue lo que encontré en la Universidad del Turabo. Y hoy, día de mi graduación, con el Departamento de Comunicaciones (y muchos más) ESTOY EN DEUDA.

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