Querido blog:

No sé cómo empezar esto sin que suene a excusa barata o a carta de ex que dice “no eres tú, soy yo”. Pero sí eres tú. Y también soy yo. Y también fue el algoritmo, el burnout, las redes, los deadlines, la vida, el insomnio y ese periodo raro donde pensé que tal vez debía dedicarme a la cerámica japonesa o a vender los huevos de mis gallinas ponedoras.
Te dejé en visto. Lo sé. Me fuiste paciente, silencioso, como esos amigos que no reclaman, pero cuya pestaña abierta en el navegador te observa con juicio pasivo-agresivo. Cada tanto me metía a ver si alguien te había leído. Spoiler: sí. Gente seguía llegando. ¡Años después! Como si mis palabras fueran botellas con mensajes, flotando en el ciberocéano. Eso me dio miedo… y ternura.
No dejé de escribir. Solo dejé de hacerlo aquí. Lo hacía en servilletas, en notas del celular, en conversaciones con desconocidos en la fila del banco, cuando hablaba con la doña de lo caro que está el aguacate en el supermercado y en cada combinación que realizaba en las clases de salsa. Pero no era lo mismo. Me hacía falta este espacio: desordenado, libre, y un poco narcisista (como toda relación entre escritora y blog).
Mientras el mundo ardía —literal y figuradamente— yo me preguntaba si publicar un blog tenía sentido. Spoiler: sí. Porque el caos necesita narradoras.
¡Sí, estoy de vuelta! Después de un largo descanso (o, mejor dicho, de un viaje de autodescubrimiento que incluyó más cafés tibios que sabiduría zen), decidí retomar este blog. No es que me haya ido al Tíbet a meditar, ni que haya encontrado el sentido de la vida, pero sí he descubierto algunas cosas interesantes… como lo difícil que es encontrar Wi-Fi decente en el hermoso campito mío… y en todos lados.
No me fui a ninguna parte en particular, pero estuve en todos lados. La adultez tiene esa costumbre de secuestrarte con listas de cosas urgentes que no importan. A veces me olvidé que escribir no era una tarea más, sino una forma de volver a mí. Y si hay algo que aprendí en estos años (además de que nunca hay Wi-Fi en los lugares con buena vista), es que necesito volver.
Así que vuelvo. No con promesas épicas ni planes infalibles. Vuelvo porque escribir es lo único que no me abandona. Porque me gusta mirar el mundo y transformarlo en historias, en preguntas, en crónicas medio reales y medio mágicas. Porque quiero volver a jugar.
Y porque, francamente, ya nadie aguanta mis monólogos internos salvo este blog.
Gracias por seguir ahí. Nos vemos todas las semanas. O casi. No me exijan tanto, que apenas estoy desempolvando el teclado. Spoiler: vengo con reseña.
Con cariño, con ironía y con ganas, muchas ganas,
Yo
