“Transformers 4: más patriotismo que otra cosa”.

Hermosos míos es tiempo de leer un poco sobre la larga experiencia al ver la película de estos carros que cambian y protegen al mundo. Sí los Transformers, pero ustedes aún no aprenden y les dicen así: los carros que cambian. Honestamente no fui el jueves, no iba a hacer fila y tampoco tenía tiempo para estar casi tres horas sentada. Mis nalgas no lo iban a soportar. Pero fui, un día que no estaba llena y a una hora que pudiera cambiarme de asiento si me cansaba. ¿Al grano amores? Ok, al grano. A Michael Bay definitivamente se le agotaron las ideas para esta película. Sinceramente esperaba mucho más y no. Todo fue tan absurdo y tan automático que uno sabía lo que iba a pasar. Con razón le estaban lloviendo críticas. Fueron 2 horas y 45 minutos de angustia y de chistes.

El primer chiste fue ver a Mark Wahlberg como protagonista, que para efectos de taquilla vende bien, pero no para efectos de película. Por lo menos no para ésta. Aunque su actuación es lo unico que yo sacaría bueno de ahí. Y sus canas, sus abdominales, su pelo, su ropa pegada y su mirada. Fuera de eso, la película no sirve. Y te diré por qué. La película ya no entretiene, de lo grandiosa que está al comienzo, se convierte en una publicidad y mercadeo de marcas. Si vas acompañado ve con una libreta para que hagas una competencia y adivinen cuántas veces sale una marca y cuán rápido cambian a otra. Créeme te vas a divertir mucho más que viendo a Optimus. ¡Es como si a Michael Bay se le hubiesen acabado las ideas! Y sí, me dirás que los efectos están cabrones. Y eso no lo peleo, pero aquí estoy hablando de otra cosa: Originalidad. Sigue leyendo

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“Pana mío, si haces caso a las advertencias, ve a ver la película.”

Ir a ver la película The Fault In Our Stars requiere una serie de pasos antes de sentarte en la sala. Tienes que llegar temprano. ¿Por qué? Es tan interesante que no vas a poder pararte ni una sola vez. Ok, llegaste. Ahora tienes que ir a la fila a comprar Pop Corn y agua. Mucha agua para que puedas bajar por lo menos los 237 “tacos” que te darán en la garganta. Si se te olvidaron los Klennex, procura hacer amistad con la que te atiende para que mínimo puedas llevarte 50 servilletas adiccionales.

Perfecto. Ya estás preparado para entrar. ¡Avanza! Si te duermes todas estas niñas y adolescentes de 12 a 16 años tomarán los mejores asientos. Sí, así me pasó anoche en su premiere. Casi casi sentada en la primera fila con el cuello vira’o. No quiero que te pase eso a TI.

Prepárate porque seguramente todas esas niñas se leyeron 2 veces al derecho y al revés la novela de la cual está basada esta película. ¿Qué quiero decirte? Que estes preparado para escuchar gritos y aplausos cada vez que aparezca en pantalla gigante uno de los personajes. ¿No leíste el libro? No hay problema, los gritos de esas adolescentes en pavera te darán la señal cuando entre un personaje asombroso. Además, no hace falta leer la novela. La película es bastante fiel al escrito. Sigue leyendo

Admiración Mutua

Su sueño era volverse a casar con una mujer hermosa. Pero está vez estaba seguro de qué tipo de hermosura quería. Quería una mujer con pantalones, hermosa por fuera, hermosa por dentro. Una mujer que lo ayudara con su dolor, que lo aceptara con su hijo, producto de su primer matrimonio y que se fundiera con él a tal extremo de llegar a ser solamente una persona y no dos.

Y lo consiguió. Luego de su divorcio y de estar 9 años soltero, descubrió lo que era el verdadero amor de la mano de Magali E. Guzmán Romero. Junto a su madurez y al compromiso de ésta, no sólo tuvo una hija, que para él es la más hermosa, sino que los lazos de amor que tal vez estaban un poco sueltos, los amarró con su hijo fuerte y nuevamente.

“El amor es así. Lo encuentras donde menos imaginas. Las caídas que tuve antes de conocerla me ayudaron a darme cuenta de lo que realmente necesitaba en mi vida. Antes de ella, tuve un hijo colora’o, hermoso. Después de conocerla y junto a ella, tengo una familia”, sostuvo un sonriente Waldo R. Ayala Reyes. Sigue leyendo

El dolor sí era necesario

“Sufrí, lloré hasta el cansancio. Mis piernas no eran las mismas, mi piel se agrandó. Cada grito era más alto, más potente. Sentía que no me quedaba una gota de sangre. Cuando pensé que todo había terminado, apenas empezaba. Me vi al borde de la muerte, pero valió la pena. Si tuviera que volver a nacer y pasar por lo mismo, lo haría no una sino tres veces más”, dice Magali E. Guzmán Romero al describir el momento en que le tocó tener a su hija.

Con ojos llorosos empieza a describir el doloroso proceso de su embarazo, ya que aunque no tuvo complicaciones durante sus nueve meses de gestación, salvo que su hija era vaga y no se movía, en el momento en que tuvo que traerla al mundo no todo fue fácil. Sigue leyendo